Carmilla Sioux, entrevista sobre la actualidad de la escena y su nuevo lanzamiento.
Hoy 19 de marzo no es un día cualquiera. Aniversario de Violator y, desde ya, fecha marcada para la escena más oscura: sale Inferno Vol. 1, el nuevo recopilatorio del sello barcelonés From Hell To Disco.
Detrás de todo esto está Carmilla Sioux, pieza clave y motor del proyecto, que sigue empujando la electrónica dark desde Barcelona con una idea muy clara de lo que quiere sonar en la pista.
Hablamos con ella en un momento importante, justo cuando el disco ve la luz.
1. Identidad y origen
¿Qué representa “From Hell To Disco”?
From Hell To Disco representa una transición, un viaje emocional y sonoro.
Habla de ese recorrido que va desde la oscuridad más introspectiva hasta la catarsis colectiva de la pista de baile, del “infierno” entendido como conflicto interno, intensidad, crudeza… a la “disco” como liberación, comunión y celebración.
Nació como una plataforma de podcasts donde la intención era generar archivo, dar contexto y crear un espacio curado para sonidos que no siempre tienen sitio en lo más inmediato.
Después evolucionó hacia eventos, porque la música necesita cuerpo y presencia. Y más tarde se convirtió en sello independiente, como una forma natural de cerrar el círculo: no solo difundir, sino también producir y sostener proyectos a largo plazo.
Pero más allá de sus formatos, From Hell To Disco es un punto de encuentro. Un espacio para personas que comparten una sensibilidad por los sonidos oscuros, emocionales, intensos; gente que vive la música no como fondo, sino como experiencia transformadora. Es una comunidad que entiende la pista como ritual, el arte como lenguaje y la música como vehículo de conexión real.
Lo importante no es la imagen que proyecta, sino la energía que genera y la coherencia que mantiene en el tiempo.
Barcelona siempre ha tenido escena oscura, pero también mucha pose. ¿Dónde te sitúas tú?
No me interesa pertenecer a un círculo ni validar mi trabajo a través de una escena concreta. Me interesa construir algo que tenga sentido en el tiempo.
Barcelona tiene talento real, eso es indiscutible. Hay artistas con una sensibilidad muy potente y propuestas honestas. Pero también es una ciudad donde la estética a veces pesa más que el contenido. Hay mucha imagen, mucha narrativa superficial, mucha necesidad de pertenecer o de encajar dentro de una etiqueta.
Yo intento trabajar desde otro lugar. Desde el contenido, desde la coherencia, desde el proceso. Me interesa más lo que suena que lo que aparenta. Más el fondo que la forma. No creo en el hype rápido ni en las dinámicas de círculo cerrado; creo en el trabajo constante, en la identidad clara y en la comunidad que se construye de manera orgánica.
Si eso me sitúa dentro o fuera de una escena, no es algo que me preocupe demasiado. Prefiero que el proyecto hable por sí mismo.
2. Del Raval a Upload
¿Qué tiene el Raval que no tenga ningún otro barrio?
El Raval tiene fricción. Y la fricción genera cultura. Es un barrio donde conviven realidades muy distintas en pocos metros: historia, migración, arte, decadencia, turismo, resistencia. No es un entorno cómodo ni limpio en el sentido simbólico, y precisamente por eso tiene carácter.
Las primeras fiestas allí tenían algo que no se puede explicar. El espacio, la gente, la energía del barrio… todo influía. En el Raval sientes que las cosas pasan porque tienen que pasar, no porque estén planificadas para una foto.
Ese caos controlado, esa mezcla constante, genera una autenticidad que es difícil replicar en entornos más neutros.
¿Es una evolución natural o necesidad de crecer?
Es sobre todo evolución. Cuando un proyecto empieza lo primero que se necesita es intensidad y cercanía. Pero si quiere sobrevivir necesita una buena estructura. Si no crece, se estanca; y si se estanca, empieza a repetirse.
El paso a Upload no responde a una ambición vacía de “hacerse más grande”, sino a la necesidad de hacerlo mejor. Tener un mejor sonido y producción, mejores condiciones para artistas y público. Poder cuidar los detalles sin perder la esencia.
Crecer no significa traicionar el origen.
¿Se pierde algo al salir del underground físico?
Se pierde cierta precariedad romántica. Esa sensación de estar haciendo algo frágil, casi clandestino, que puede desaparecer en cualquier momento. Y eso tiene su encanto.
Pero para mí el underground no depende del tamaño del espacio ni del presupuesto. Depende de la intención, de la honestidad con la que se construye el proyecto. Puedes estar en un sótano y ser superficial, o en una sala grande y seguir siendo radical en tu propuesta.
El underground es una actitud, no una dirección postal.
¿Qué cambia al pasar a un espacio más institucionalizado?
Cambia la estructura. Hay más responsabilidad, más visibilidad y también más expectativas. Ya no se trata solo de la energía si no de gestión, planificación y profesionalización.
Eso te obliga a ser más rigurosa y a pensar en el largo plazo, donde cada decisión puede influir en tu reputación.
Pero igual que te hay más responsabilidad, también te da estabilidad. Y con una buena estabilidad, hace que la creatividad no dependa del azar.

3. Inferno Vol. 1
¿Qué parte de ti hay en “If You Dare, I Burn”?
Hay bastante más de lo que parece. “If You Dare, I Burn” habla de tensión, de deseo y de confrontación, pero no solo en un sentido romántico o físico. De no hacer las cosas a medias. De asumir que si entras, entras hasta el fondo.
El track tiene esa energía contenida que en cualquier momento puede explotar. Y eso conecta mucho conmigo: esa dualidad entre control y desborde. No es una pieza complaciente. Es directa, no hay zona tibia.
No es una canción que hice para gustar, si no para provocar una reacción.
¿Curaduría estética o afinidad personal?
Primero estética. Siempre. Si no hay coherencia sonora, el proyecto se diluye. Inferno tiene una identidad clara y no todo encaja dentro de ella. La curaduría es una forma de respeto hacia el concepto.
Pero después viene la afinidad personal. Porque un sello no es solo un catálogo; es una red de relaciones. Si no hay respeto mutuo, visión compartida y cierta complicidad, se nota. Y a la larga, eso afecta al resultado.
¿Qué define el sonido de Inferno?
EBM e industrial como columna vertebral. Hay momentos de new beat y techno oscuro que introducen movimiento, sensualidad y cierta hipnosis bailable.
Es un sonido físico. Está pensado para el cuerpo, para la pista, pero también para generar un ambiente denso, pesado.
Con Inferno lo que buscaba era mucha intensidad.
¿Qué aporta From Hell To Disco a la escena?
No es solo una suma de eventos o lanzamientos aislados. Es una narrativa que conecta podcast, fiestas y ahora sello. Hay una coherencia que atraviesa todo.
Aporta comunidad, porque no se trata solo de programar artistas, sino de generar un espacio donde esa sensibilidad encuentre hogar. Y ahora también es un objeto físico. El vinilo materializa esa visión, convertimos esta identidad en algo que puedes sostener. Una manera de decir «esto existe».

El vinilo: ¿romanticismo o estrategia?
Es sobre todo amor por el formato. El vinilo no es lo más cómodo ni lo más rentable. Es más lento, más caro y menos inmediato. Y precisamente por eso interesa.
Es una decisión consciente. El vinilo obliga a comprometerte. No es un archivo que se pierde en una playlist infinita. Es un objeto que eliges, colocas, escuchas. Tiene peso, tiene ritual.
En un contexto donde todo es instantáneo y desechable, apostar por vinilo es afirmar que la música merece tiempo y atención.
4. La escena actual
¿Está en su mejor momento o fragmentada?
Está fragmentada. Hay talento, y mucho. La producción ha subido de nivel, hay propuestas sólidas y artistas con identidad clara. Pero ese talento está dividido en micro-escenas que muchas veces no dialogan entre sí.
Existen pequeños círculos muy definidos, ya sea por estética, por afinidad o por espacios que funcionan casi como burbujas. A veces se compite más de lo que se colabora, aunque no siempre de forma explícita.
No creo que sea el peor momento, al contrario: hay materia prima. Lo que falta es más conversación transversal. Más puentes.
¿Hay comunidad real?
Sí, pero como decía antes, esta segmentada.
Dentro de cada círculo hay apoyo, hay lealtad. Eso es positivo, pero el problema es que esas comunidades no siempre se cruzan. Falta más intercambio entre públicos, más mezclas inesperadas, más espacios donde las distintas sensibilidades puedan convivir.
La capacidad de diálogo también podemos llamarla comunidad real.
¿Qué le falta a la escena?
Más colaboración genuina y menos competencia silenciosa. Es la clave.
Menos comparación y más construcción colectiva. A veces la energía se va en posicionamiento, en medir quién está dónde, en lugar de pensar qué se puede crear juntos.
La escena crecería mucho más si entendiera que sumar no resta identidad, sino todo lo contrario, la fortalece.
¿Artistas locales interesantes?
Hay nombres que están aportando cosas relevantes desde distintos ángulos:
Newborn Ghost, Asymetric80, Jessica Bellomo o Nightcrawler por ponerte algún ejemplo.
Son perfiles distintos, pero todos aportan carácter. Y eso es lo más importante ahora mismo: identidad propia.
5. La parte incómoda
¿Peor sitio donde has pinchado?
Más que un lugar concreto, las peores experiencias no tienen que ver con la sala, sino con la energía. Son esos espacios donde sientes que la música es ruido de fondo y no el centro de lo que está pasando.
Cuando la música se trata como decoración, se pierde todo. Pinchar deja de ser comunicación y se convierte en ambientación.
Para mí, la pista es un diálogo. Si no hay escucha, no hay conexión. Y sin conexión, la experiencia se vacía, por muy buena que sea la cabina o el sistema de sonido.
¿Te has sentido infravalorada?
Sí. Y creo que muchas mujeres en cabina lo hemos sentido alguna vez. A veces tienes que demostrar el doble para que te tomen igual de en serio. Se cuestiona más tu criterio, tu técnica o tu autoridad. Son cosas sutiles, a veces invisibles, pero constantes.
Con el tiempo aprendes a no pedir validación. A dejar que el trabajo hable ytambién entiendes que esa presión, aunque injusta, te obliga a ser más sólida, más precisa y más consciente de tu valor.
No debería ser así, pero esa experiencia también te construye.
¿Qué es lo más falso de la escena nocturna?
Las relaciones transaccionales. Cuando el interés sustituye al respeto artístico, la conexión dura exactamente lo que dura la utilidad. En la noche todo parece intenso y cercano, pero muchas veces esa cercanía es más estratégica que otra cosa.
Se nota cuando alguien se acerca por afinidad real y cuando lo hace con otras intenciones. Y con el tiempo aprendes a distinguirlo.

6. Aspiraciones
¿Dónde te gustaría pinchar?
Me gustaría mucho pinchar en Sudamérica. Hay gente allí que sigue mi trabajo desde hace tiempo y siento que hay una conexión real pendiente. Me escriben, comparten la música, entienden de que va el proyecto.
Sudamérica tiene una intensidad muy particular en la pista. Hay una entrega emocional que me atrae mucho. Siento que sería un intercambio honesto, no solo una fecha más en el calendario.
Más que un destino “estratégico”, lo veo como un encuentro natural que todavía no ha ocurrido.
¿Colaboraciones soñadas?
Más que nombres concretos, me interesan colectivos oscuros con mucha identidad. Proyectos con coherencia, con discurso propio, que no estén definidos solo por la estética. Estar alienadas y tener una afinidad conceptual.
¿Llevar From Hell To Disco fuera?
Sí, totalmente. La idea es que no dependa solo de Barcelona. Hay planes de llevarlo a Berlín y a Sudamérica. Berlín por contexto y afinidad sonora y a Sudamérica más por conexión emocional y su comunidad.

7. Cierre
¿Qué te gustaría que hubiera cambiado gracias a ti?
Me gustaría que hubiera más espacio para propuestas oscuras con identidad propia.
Que haya menos miedo a ser densos, a ser emocionales, a ser radicales en una visión. Muchas veces lo oscuro se suaviza para hacerlo más digerible. A mí me interesa lo contrario: que exista margen para lo crudo, lo profundo, lo que no siempre es fácil.
Si algo cambia gracias a mi trabajo, ojalá sea eso: que más proyectos se atrevan a sostener su identidad sin pedir permiso. Que la coherencia pese más que la tendencia.
¿Qué significa “el ritual”?
El ritual es el momento en que la pista se convierte en experiencia compartida. Cuando DJ y público no están en lados opuestos, sino dentro del mismo flujo. Hay escucha, hay entrega.
El ritual no depende del tamaño del club ni del cartel. Depende de la intención y de la concentración colectiva. Es un estado casi hipnótico donde el tiempo se distorsiona y la música deja de ser sonido para convertirse en energía compartida.
Ahí es donde todo cobra sentido.
El siguiente paso para From Hell To Disco
Gracias a Carmilla Sioux por su tiempo.
Inferno Vol. 1 ya está fuera. Ahora le toca hacer su recorrido natural: sonar en cabinas, en auriculares y en salas donde este tipo de música sigue teniendo sentido.
Lo interesante aquí no es solo el lanzamiento en sí, sino lo que hay detrás. Una forma clara de entender la escena, de seleccionar sonido y de construir algo con continuidad.
Desde Other Voices seguiremos atentos a lo que venga después. Porque si algo queda claro tras esta conversación es que esto no se queda en un recopilatorio.