Ghostwriter, nuevo videoclip de Soft Riot

Recortes de papel y fondos proyectados en el nuevo video de Soft Riot

Soft Riot estrena el vídeo de Ghostwriter, segundo tema de Crux con imagen oficial, y lo plantea contra casi todo lo que se espera hoy de un videoclip. No hay actuación a cámara ni historia con principio y final. Hay figuras impresas en papel, recortadas, movidas a mano y colocadas sobre fondos proyectados que se volvieron a filmar. Jack Duckworth, músico canadiense afincado en Glasgow que firma como JJD en los créditos, lo montó entre agosto y septiembre de este año, y cada fotograma conserva el rastro de esas horas de mesa y tijera.

Soft Riot sin rostro: un cantante de papel con la boca cortada

El vídeo abre con una silueta cuya cabeza se transforma en una máscara de espirales concéntricas. Siguen cortes rápidos: un hombre de traje, figuras veladas, bustos de piedra, máscaras moteadas, todo sobre un parpadeo de líneas de escaneo. Es animación de recortes en la línea de Terry Gilliam, con una diferencia importante: donde Gilliam buscaba el chiste, aquí todo se mueve con gesto serio, y el origen de Soft Riot en la escena hardcore de los noventa se nota en el gusto por la fotocopia y el fanzine.

Soft Riot
Fotograma de Ghostwriter de Soft Riot

El personaje central aparece en la primera estrofa: un cantante (el propio Soft Riot) con gafas oscuras y pelo anguloso cuya boca es una ranura horizontal que sube y baja con la voz. Es la mejor idea del vídeo. El mecanismo es elemental y funciona porque coincide con lo que se oye, una voz grave, seca, casi recitada. La mandíbula de cartón y el barítono sintético dicen lo mismo por dos vías distintas.

Hammer, Amicus y una canción en dos tiempos

Debajo de la voz hay una caja de tempo medio, un bajo analógico que no se mueve del sitio y arpegios brillantes, con líneas de lead dobladas hacia abajo. La economía de medios y el tono deadpan remiten a Fad Gadget. La teatralidad viene de otra parte: la letra rima con un gusto escénico heredado del cine de terror de Hammer y Amicus de los sesenta y setenta, y el barítono suena a narrador de aquellas películas pasado por un sintetizador. Habla de alguien que siente que otra mente le escribe las frases, y el estribillo repite la palabra ghostwriter hasta la saciedad.

La estructura es menos obvia de lo que parece. Los dos primeros tercios alternan estrofa y estribillo, y hacia el minuto 3:09 el tema cambia de marcha con una tercera parte que no había aparecido antes y que se queda hasta el final.

El videoclip como máquina de cortes

Los cortes siguen la caja y los acentos del sintetizador con una precisión que casi nunca falla. En los estribillos la edición se acelera y junta serpientes enroscadas, armaduras, bustos de mármol partidos y girados, una mujer con casco metálico, tarjetas perforadas que cruzan la cara del cantante.

Videoclip hecho a mano

Soft Riot plantea el vídeo como respuesta a una escena que cada vez se parece más a una hoja de estadísticas y a la sensación de trabajar solo, con las mismas manos en la música, los gráficos, los vídeos y la promoción. De ahí la animación física hecha en un espacio real, la ayuda de otras personas y un software reducido a quitar fondos, ajustar niveles, colorear y superponer capas. No rechaza lo digital: sostiene que descansa sobre el mundo físico y quiere dar prioridad a este. Es una postura coherente y la parte del proyecto que más respeto merece.

Los créditos finales dejan constancia de ello, y el grano y los bordes irregulares lo confirman en pantalla. El vídeo no necesita enseñar manos para que se crea que las hubo. Lo que no hace es explicar el porqué: quien lo ve sin más contexto recibe un collage con textura física, y el aislamiento y lo comunitario son una lectura que hay que traer de fuera. Es una decisión legítima, porque el vídeo funciona igual sin ella.

Queda una lectura a favor. La canción habla de una mente invisible que escribe las líneas, y el vídeo se niega a mostrarla: las figuras son marionetas sin mano a la vista. Si esa ausencia es deliberada, y todo indica que lo es, el vídeo sí dice algo sobre el tema.

Veredicto de Other Voices

Ghostwriter es un vídeo con una idea formal sólida y una ejecución a la altura de lo que defiende. Funciona por la boca de cartón de Soft Riot y por el color que hace de estructura. Le sobra un segundo estribillo convertido en inventario. Sitúa bien a Soft Riot en el momento de Crux: un artista con quince años de oficio en el synth post-punk que usa cada pieza del lanzamiento, la imagen incluida, para decir qué música quiere hacer y cómo.

Termina con créditos de Soft Riot en blanco sobre negro, la grabación del disco en Glasgow, la mezcla en Francia y un último golpe: la cabeza de papel vuelve a abrir la ranura de la boca y suelta una risa de Vicent Price en Thriller antes del corte final. Es un chiste pequeño y bien colocado, y la mejor prueba de que el autor no se toma su montaje con solemnidad. Quien conozca Crux encontrará en el vídeo una buena compañía para el tema. Quien llegue sin conocerlo tendrá una razón para escuchar el disco.

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