Reseña del álbum debut de Dorian Wayne, Viva La Luna
Viva La Luna sale el 1 de octubre de 2026 a la 1:00 de la madrugada, la hora exacta en que nació el propio artista. Es un álbum debut de catorce canciones, editado de forma independiente desde Gdańsk, y lo hemos escuchado entero en Other Voices antes de su publicación.
El primer contacto con Dorian Wayne fue a través de «Horns», el tema que nos hizo llegar para la radio, donde sigue sonando junto a «One Wish».
Viva La Luna, un debut muy casero
Dorian Wayne grabó y produjo el disco en casa, con un portátil, FL Studio y el micrófono de un móvil.
La drum machine es básica casi de principio a fin. Los teclados, cuando son baratos, suenan baratos (el arranque de «Moneydoll» tiene sonidos ochenteros de teclado de gama muy baja, dicho sin ofender). Y la melodía la pone muchas veces la voz sola. Esa economía de medios tiene tradición en el darkwave y aquí da dos resultados opuestos. Si la canción tiene un estribillo a la altura, la sencillez juega a favor. Si no lo tiene, queda a la vista lo poco que hay debajo.
El arma de Dorian Wayne es el estribillo. En la segunda canción ya se ve que se los trabaja y que enganchan. Casi todo lo bueno del disco sale de ahí.

Gahan en el registro, Gaga en el estribillo
La voz de Dorian Wayne es grave, en la línea de Dave Gahan, y de ahí viene el primer parentesco con Depeche Mode. El segundo es Lady Gaga, que aparece en cómo remata los estribillos y en cierto gusto por el gesto teatral. Entre las dos referencias se mueve todo el álbum.
El cruce es lo más interesante que tiene. Una voz oscura sobre música que tira más al pop que al darkwave produce un contraste que no cabe en ninguna casilla: ni synthpop, ni darkwave ortodoxo. «One Wish» lo resume mejor que ninguna, y por eso fue la puerta de entrada. Ese choque engancha y da al conjunto un aire distinto al de lo que solemos recibir.
Tiene un precio. La influencia de Gaga se nota mucho y en algún momento se abusa de ella. Es su estilo y no hay que pedirle que lo esconda, pero en catorce temas el mismo recurso acaba siendo previsible.
Los catorce temas, uno a uno
Arranque: dos estribillos grandes y una caída (1 a 3)
«Danse Macabre» abre tranquila. La voz grave, gahaniana, va sobre una drum machine muy básica y una producción minimal, y la melodía descansa en el canto. Después llega el estribillo, con su «danse macabre» cantado a lo Gaga, y es épico. Tanto que le gana a toda la canción: es mejor que todo lo que lo rodea. Aun así, es una buena apertura, porque presenta la fórmula completa.
«Buried Alive» entra con un teclado de aire más gótico y una drum machine más activa, que da movimiento al tema. Aquí queda claro que Dorian cuida sus estribillos y que la segunda canción repite la jugada con éxito.
«Upside Down» baja el ritmo. Nueva entrada con teclado, tempo más lento y una voz que gana gravedad hasta sonar algo forzada en algún momento. Debajo hay un sintetizador arpegiado. El estribillo no engancha como los de las dos anteriores y el disco pierde revoluciones por primera vez. Es un tema correcto que llega justo después de dos aciertos y sale perdiendo en la comparación.
Del pop al conjuro (4 a 7)
«Devil’s Bill» abre con guitarra y queda más cerca del rango de Lady Gaga que del de Depeche Mode o el darkwave. Es la canción más pop del tramo. Hacia el minuto 1:45 aparece un teclado muy bueno, y solo por ese momento, el tema ya vale la pena.
«Horns» es el single de adelanto y la canción con la que conocimos a Dorian Wayne. Cuesta darle un género: voz oscura, música más pop, ni synthpop ni darkwave. Ese contraste engancha y explica el disco mejor que casi cualquier otro tema. Suena en Other Voices Radio.
«The Witching Hour» no arranca con teclado ni con guitarra, sino con un cuervo. Luego llega el conjuro, la hora de las brujas, con un pasaje que suena a latín. No somos expertos en lenguas muertas, así que ni lo traducimos ni lo damos por bueno. Por estructura iría en el mismo cajón que «Upside Down»: la influencia de Gaga se nota y a veces se abusa, pero es su marca.
«One Wish» es el segundo single y también suena en la emisora. Aquí se juntan los universos de Depeche Mode y Lady Gaga en una mezcla que funciona. A quien le gusten los dos, le va a encantar, porque Dorian se queda con lo mejor de cada uno y lo lleva a su terreno. Es una de las tres canciones que nos enganchó nada más oírla.

El centro: lo mejor y lo más plano (8 a 10)
«Black Dahlia» tiene una doble voz a modo de coro en varios momentos y un teclado con aire de cine de terror antiguo. La drum machine hace lo que hace en todo el álbum: marca el tempo con sencillez. Es de esas canciones que ganan con cada escucha, porque en cada pasada aparece algo nuevo.
«Moneydoll» arranca con sonidos ochenteros de teclado barato, y en el puente entra una voz femenina que cambia el enfoque del tema. La combinación tiene su gracia, pero el resultado es más plano que lo escuchado hasta ese punto. Es el primer momento realmente flojo del recorrido.
«Cold» sube el tempo y cambia de registro otra vez. Todo es minimal y los sonidos son sencillos, pero es de lo mejor del disco: buen ritmo, una voz menos forzada y el regreso de la segunda voz, que tanto ayuda a este álbum. Demuestra que la sencillez, bien encajada, rinde más que el exceso.
Tramo final: un gran tema y tres desiguales (11 a 14)
«Lavender Goth» es una de las tres mejores. Cada canción de este disco empieza de una manera distinta, y esta lo hace con el bajo arpegiado y la drum machine entrando a la vez. Atrapa desde el primer compás. Tiene un toque épico difícil de explicar, con la mezcla de voces y un teclado muy bien colocado. Gran tema.
«Sacrificed» cuesta seguirla en ritmo y vuelve a bajar el nivel, sin cambios que destacar. Se puede leer como relleno de álbum, con una diferencia: no resta.
«Wonderland» es otra canción minimal, de ritmo constante y sencillo. Sin más. Suena y pasa.
«The Clown» cierra con una sorpresa: una batería orgánica que rompe por completo con la línea del resto del disco. Hay varias voces, es pegadiza y a tres cuartos de canción llega otro puente inesperado. Es un cierre que arriesga justo cuando el disco corría peligro de apagarse.
Un debut darkwave en la escena independiente de 2026
Un álbum debut darkwave en 2026 aterriza en una escena saturada de material y de escucha rápida, donde el formato dominante es el sencillo suelto. Dorian Wayne llega con catorce canciones. Casi nadie publica hoy un disco tan largo, y menos aún consigue que todo esté a la misma altura. De ahí los altibajos.
Dentro del darkwave polaco independiente, este debut no compite en producción ni en oficio de estudio. Su terreno es la canción con gancho hecha con muy poco, y ahí aguanta la comparación con discos de presupuesto mucho mayor.
Dorian habla de un disco poblado por Frankenstein, vampiros y Dorian Gray, y de quitarse la máscara. La escucha confirma que hay identidad y que hay mundo propio. Sin las letras delante no nos atrevemos a hablar de argumento continuo. Lo que sí se percibe es un recorrido de intensidad, con subidas y bajadas, más que una historia con principio y final.
Veredicto de Other Voices
Viva La Luna es un debut sólido, agradable de escuchar y con criterio propio. Sufre lo que sufren los discos largos: no todo está a la misma altura. Los altos son muy altos («Danse Macabre», «One Wish», «Lavender Goth», «Cold») y los bajos («Sacrificed», «Wonderland», «Moneydoll») no son lo bastante bajos como para hundir nada.
Lo más flojo es el tramo medio y final, donde la fórmula de drum machine sencilla y ritmo constante empieza a repetirse y se pierde parte del filo de los primeros temas. Y hay un abuso puntual de la influencia de Gaga, que seduce la primera vez y resulta previsible a la quinta.
Lo mejor es la capacidad de Dorian Wayne para escribir estribillos que se quedan y para sacar de una caja de ritmos y unos cuantos teclados un empuje real en las tres o cuatro mejores canciones. Varios temas, «Black Dahlia» entre ellos, merecen más escuchas de las que se les dan en la primera pasada.
Buen trabajo en líneas generales. Si te sale en la radio, no cambies de emisora.
Pre-save: https://ditto.fm/viva-la-luna




