The Cure Primavera Sound 2026: «La cura» llegó después de la tormenta:
El jueves lo arrasó la tormenta. Massive Attack cancelado, varios escenarios mudos, el Fórum convertido en un recuerdo húmedo de lo que pudo ser. El viernes, con el suelo todavía sin secar del todo, llegó The Cure. Hay algo casi demasiado literal en esa secuencia: la tormenta primero, la cura después. Robert Smith lleva más de cuarenta años construyendo ese papel, y en el Primavera Sound 2026 lo interpretó con una solvencia impecable.
Antes de The Cure, Ethel Cain. Brutal en el sentido más exacto de la palabra. Después, desde donde estábamos, se podía ver en pantalla lo que Addison Rae estaba dando en el escenario contiguo. El contraste era tan amplio que casi resultaba pedagógico. Nos quedamos donde estábamos.
El miedo previo por el sonido de Slowdive
Había un miedo legítimo antes de que empezara. Horas antes, Slowdive había ofrecido una actuación donde el sonido iba y venía, ese problema crónico que a veces ocurre en los festivales grandes. Y luego está el otro problema, el humano: el público de festival, ese organismo difuso que a veces viene a ver a quien toca y a veces viene simplemente a estar, a hablar, a existir en el mismo espacio sin demasiada atención. Lo conoces. Lo sufres. Pero también sabes a lo que vienes.
Con The Cure, ese miedo desapareció en los primeros acordes.

Alone abre y el Fórum se transforma
Alone arrancó el concierto con esa lentitud calculada que tienen muy pocas bandas. La formación sobre el escenario incluía a Eden Gallup, hijo de Simon, que ya había sustituido a su padre en fechas anteriores de otras giras y que aquí ocupaba el puesto dejado por Perry Bamonte tras su fallecimiento (RIP).
Robert Smith recorrió el escenario de punta a punta saludando al público que llenaba lo que en el Primavera se conoce como Mordor. Había mucha gente. La primera gran ovación llegó con Pictures of You, con Mary, su esposa, apostada cerca de la mesa de sonido del escenario, sin perderse un detalle.
El bloque central: Simon Gallup, Burn y la columna vertebral del setlist
Lo que vino después fue un despliegue sin fisuras. High, A Night Like This y Lovesong formaron un bloque que el público absorbió con la gratitud silenciosa de quien reconoce canciones que le han acompañado en muchos momentos de su vida. El bajo de Simon Gallup en este tramo fue magistral, sin más adjetivos necesarios: uno de los bajistas más reconocibles de la historia del rock alternativo tocando en su mejor registro.

Luego llegó Robert Smith, flauta en mano, interpretando Burn, el tema que The Cure compuso para la banda sonora de The Crow en 1994, una película que marcó a una generación que llegó a la oscuridad por la puerta del cine antes que por la del vinilo.
Fascination Street confirmó que la banda estaba en un nivel alto esa noche. The Walk la siguió con su energía más bailable, ese lado de The Cure que algunos olvidan porque es más cómodo quedarse con la imagen del Smith más oscuro. Mint Car cumplió sin encender nada especial, al menos no en quien escribe.
Inbetween Days, Just Like Heaven y el momento en que el Primavera se rindió
Inbetween Days sonó con algo fuera de lugar, una pequeña irregularidad que puede achacarse a cualquier cosa pero que se notó. Just Like Heaven, en cambio, fue de esas interpretaciones que te recuerdan por qué estás ahí, de pie, con los pies cansados. El Primavera se rindió. No hay otra forma de describirlo.
Play For Today trajo los coros de siempre, ese lololo que el público lleva décadas ensayando sin que nadie se lo haya pedido. A Forest llegó después, y aquí el público participativo le dio una dimensión extra. La interpretación fue magnífica, extensa, sin concesiones al reloj.
Tras From the Edge of the Deep Green Sea y Endsong, un respiro antes del cierre.

Boys Don’t Cry
Robert Smith se arrancó con una frase en castellano —él mismo reconoció que por desgracia aún no había aprendido el idioma, lo cual tiene su ironía para alguien que lleva décadas llenando recintos en España. El detalle fue pequeño y entrañable, exactamente como él cuando saluda al público desde el borde del escenario: tímido, genuino, sin pose.
El cierre fue un sprint de diez canciones que sirvió de manual de cómo cerrar un festival sin dejar a nadie insatisfecho. Lullaby, Hot Hot Hot y Wrong Number dieron paso a seis canciones seguidas que levantaron al Primavera en su sentido más literal: Let’s Go to Bed, The Lovecats, Friday I’m in Love —la más esperada por el sector del público que conoce a The Cure principalmente por esta canción, y no hay nada de malo en eso—, Close to Me, Why Can’t I Be You con Smith yendo de lado a lado en ese saludo que tiene de tímido y de entrañable a partes iguales, y Boys Don’t Cry como cierre.
Cuarenta años de carrera y la capacidad intacta de hacer que una canción de 1979 suene tan fresca como siempre.
El sonido estuvo a la altura. El setlist fue festivalero en el mejor sentido: amplio, sin pretensiones de obra total, pensado para que todo el mundo encontrara su momento. Uno de los mejores conciertos de The Cure que recuerdo haber visto. Y he visto unos cuantos.