Cruïlla 2026: tres noches en el Parc del Fòrum
Con esta nueva edición, el Cruïlla 2026 sigue siendo, para buena parte de la crítica local, el festival mejor gestionado del verano barcelonés. Sin las aglomeraciones que lastran otras citas de la ciudad, con un sonido consistente en todos los escenarios y un cartel que combina nombres de peso con nichos como el italo-disco, el festival cerró tres jornadas que dejaron momentos altos y alguna que otra decisión discutible por parte de la organización del transporte. Esto es lo que dio de sí cada noche, escenario por escenario.
Garbage abre con nostalgia bien administrada
Garbage tocó pronto, pero el ambiente en el escenario Estrella Damm ya estaba a la altura de lo que se espera de un festival como Cruïlla. Shirley Manson salió en buena forma vocal y el repertorio no dejó fuera ninguno de los temas que uno necesita escuchar en directo: «I Think I’m Paranoid», «Push It» y «Only Happy When It Rains» sonaron con la contundencia de siempre, sin trampa ni cartón. Hubo una sorpresa concreta: una versión de «Lovesong» de The Cure que funcionó mejor de lo que cualquiera hubiera anticipado, un gesto que conecta directamente con el tipo de público que Cruïlla atrae en su franja más cercana al pop oscuro de los noventa. Para quien vivió aquellos fines de semana en Marina hace años, fue un buen punto nostálgico.

Suede, la certeza de un directo que no falla
En el escenario Occident, Suede confirmó lo que ya se sabía tras su paso por Razzmatazz el pasado marzo: el setlist fue prácticamente idéntico, pero la voz de Brett Anderson llegó en mejor estado que en aquella visita. La banda está en un momento de forma notable, y el concierto funcionó como un bloque sólido de principio a fin. No faltaron las archiconocidas «Trash» y «The Beautiful Ones» que pusieron patas arriba el Fórum. Brett es uno de los frontman más carismáticos y participativos con el público, y una noche más, lo volvió a demostrar en este Cruïlla 2026.

Pixies, la sobriedad como declaración
El concierto de Pixies fue de una sobriedad casi funcional celebrando los 40 años de la fundación de la banda en este Cruïlla 2026. Sin grandes gestos ni artificio, la banda hizo lo que sabe hacer, sin más historias. Un repaso a sus clásicos como «Here Comes Your Man» y por lo que pude ver en redes «Where Is My Mind?» y «Desaber». Tuvimos que abandonar antes del cierre por una cuestión logística que afectó a buena parte del público: al ser jueves, el metro cerraba a las 00.00, y la falta de servicio del TRAM desde el Parc del Fòrum complicó la salida de una parte considerable de los asistentes. Es un problema de organización externo al festival, pero que condicionó de forma directa la experiencia de quienes fueron esa noche.

David Byrne convierte el escenario Estrella Damm en teatro
Si hay un concierto de estas tres jornadas del Cruïlla 2026 que se aleja del formato estándar de festival, fue el de David Byrne. Más que un directo al uso, la propuesta funcionó como una pieza de teatro musical: instrumentos móviles, coreografía integrada y el propio Byrne como parte del dispositivo escénico, no solo como frontman. El riesgo de este tipo de formato es que el sonido quede en segundo plano frente a la puesta en escena, pero aquí no fue el caso: se escuchó todo con claridad. Y, pese al carácter conceptual del show, Byrne no dejó fuera los clásicos que el público de Talking Heads necesitaba escuchar: «Psycho Killer», «Once in a Lifetime» y un cierre con «Burning Down the House» que funcionó como el punto álgido de la noche.
Mind Enterprises y el italo-disco que se llevó la noche en Vallformosa
El concierto que más esperaba de estas tres jornadas fue, sin discusión, el de Mind Enterprises en el escenario Vallformosa. Su italo-disco actualizado, sin caer en el ejercicio revival vacío, encontró en Vallformosa un sonido que estuvo a la altura de la propuesta: contundente, bien ecualizado, sin las pérdidas de graves que suelen lastrar los escenarios secundarios de festival. El público bailó de principio a fin, y el concierto dejó esa sensación tan concreta de necesitar un negroni nada más terminar el set. En un cartel con nombres de la envergadura de Pixies, Garbage o David Byrne, que un proyecto como Mind Enterprises se lleve la noche dice bastante sobre el criterio de programación de Cruïlla en sus escenarios más pequeños.
