Oblique afronta su lado más oscuro en Until There’s Nothing Left
Oblique lleva suficientes años en la escena synth como para permitirse un giro en su línea habitual. Until There’s Nothing Left, su nuevo disco, confirma esa hipótesis: ocho temas que empujan el synthpop clásico del dúo hacia un territorio más frío, con la voz de Sonja al frente y los sintetizadores analógicos de Gonzalez marcando una producción más cruda que en trabajos anteriores. No es una reinvención completa. Es un ajuste de tonalidad, literal y figurado, que funciona mejor de lo que cabría esperar de una banda con tantos años de oficio detrás.
«Black Circle» abre con la cara más sombría de la banda
«Black Circle» es de lo más oscuro que ha publicado Oblique hasta ahora. Quien conozca al dúo por su synthpop más ligero, casi cheesy en según qué momentos, encontrará aquí una base bajada de tonalidad que empuja el tema hacia terreno dark sin renunciar a la electrónica que los define. Es una declaración de intenciones eficaz: el disco avisa desde el primer corte de que algo ha cambiado en el enfoque.
«Walking With Shadows» y el peso de los sintetizadores
El segundo corte baja las pulsaciones y se acerca más al synthwave que al synthpop de manual. Los sintetizadores de Gonzalez son el punto fuerte del tema. La voz de Sonja acompaña la instrumentación con precisión, sin intentar imponerse por encima de ella, que es exactamente lo que el tema pide.
«Silent Traveler», el momento más minimal del disco
«Silent Traveler» arranca con un fade-in de bajo que te atrapa desde el primer segundo, uno de los recursos de producción mejor resueltos del álbum. Aquí los sintetizadores se vuelven más raw, más minimal que en el resto del tracklist, y es Sonja quien le da al tema un aire épico que compensa esa desnudez instrumental.

«State Of Wild» recupera el pulso synthpop
Con «State Of Wild» el disco regresa a un ritmo más synthpop, más cercano a lo que Oblique venía haciendo en trabajos anteriores. Funciona como bisagra dentro del tracklist sin que el disco pierda coherencia interna. No es el tema más ambicioso del álbum, pero cumple su función de forma correcta.
«City Of Grey», el punto más alto de Until There’s Nothing Left
Si hay que señalar un corte por encima del resto, es «City Of Grey». El disco vuelve al synthwave oscuro que domina la primera mitad, y la base musical es, sencillamente, la mejor del álbum. Es el tema donde todos los elementos, la producción de Gonzalez, la tonalidad general del disco y la interpretación de Sonja, encajan sin fisuras.
«Teen Movie», el single que ya conocíamos
«Teen Movie» se publicó como adelanto en febrero de 2026 y en el contexto del álbum funciona como el corte más directamente ochentero del lote: esa melodía épica que remite al synthwave de banda sonora de cine más aventurero, con unos coros bien trabajados que le dan cuerpo sin sobrecargar el tema. Es el tipo de canción pensada para funcionar fuera del disco tanto como dentro de él.
El álbum cierra con dos remixes de «State Of Wild», uno de Carlos Bayona y otro de Hot Cheap, que reorientan el tema hacia un terreno más disco. Son reinterpretaciones sólidas, pensadas para quien ya tiene una relación con el género más allá del disco original: no aportan una lectura radicalmente distinta del tema, pero cumplen bien su función de cierre orientado a pista.
Until There’s Nothing Left
Until There’s Nothing Left es un trabajo consistente. Oblique lleva suficiente recorrido en la industria synth barcelonesa como para saber adaptarse a las corrientes actuales del género sin renunciar al toque synthpopero que los ha definido hasta ahora. No es un disco que rompa con lo anterior de forma radical, pero sí marca una evolución hacia un terreno más introspectivo y menos amable, y esa evolución está bien ejecutada. «City Of Grey» y sobre todo «Black Circle» son los dos cortes que mejor resumen hacia dónde apunta este nuevo capítulo de la banda.